Un buen tipo al que echaron por gordo...

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Lo sostiene un amigo mío, más blanco que la leche de cabra: "Lo de Del Bosque ha sido como una maldición. Desde que Florentino decidió no renovarle, no hemos ganado ni para propinas...". Aquel Vicente era como una especie de Miguel Muñoz clonado cuatro décadas después. Sereno, socarrón, diplomático y licenciado en Cultura Madridista. Por eso fue capaz de sacar la mejor versión de Ronaldo en sus cinco años en el Bernabéu, por eso fue el último en rentabilizar los productos de esa cantera que conoce como nadie y por eso logró dos Champions, dos Ligas, una Intercontinental, una Supercopa de Europa y una Supercopa de España sin tener que jugarse el bigote. Y ahí, en una cuestión tan superficial como estética, empezó el problema. "Al Madrid de los Galácticos lo entrena hasta mi padre. Del Bosque está muy gordo, no luce las corbatas y con ese bigote da una imagen pobre. Debe venir alguien más acorde a los tiempos que corren...". Con esa argumentación tan mezquina le dieron puerta en 2003, al día siguiente de la conquista de la última Liga...
Pero Del Bosque ha aprendido a convivir con esa losa que tanta amargura le produjo tras aquella comida infame del Señorío de Alcocer. Por fin se le ve liberado mentalmente y de nuevo piensa en positivo. Ha perdido 17 kilos, se ha comprado varios trajes nuevos (tres tallas menos) y disfruta del fútbol descodificándolo sin dobleces. Vicente sabe que acabará, tarde o temprano, de seleccionador y sigue siendo un magnífico analista. Él, paradójicamente, fue el abanderado de la palabra que tanto usaba su ejecutor: "Normalidad".



