El Atlético es un puro desafuero
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Sigo sin entender la tozudez de Javier Aguirre en la posición que debe ocupar Fernando Torres. Durante el segundo tiempo ejerció de extremo izquierdo y de esta manera el Atlético nunca tuvo mordiente ni se asomó con peligro al área donostiarra. Una pena que en una final para los rojiblancos pensando en la Champions dieran la tristísima imagen que ofrecieron. Sin arte, gracia, intensidad, ideas, se deben dar por contentos con la derrota por dos a cero. La Real le puso ganas y narices y arrasó los noventa minutos, y dos veteranos como Kovacevic y Savio volvieron locos a unos defensas de chiste con un Perea que dio un auténtico concierto de despropósitos. Encima Luccin y Eller se autoexpulsaron. La impotencia provoca grandes disparates.
Este equipo tiene el encefalograma plano todo el año y se debe agarrar a la esperanza de que este año la UEFA se cotiza a precio de saldo. Alguno debería plantearse seriamente sus aptitudes sobre el campo, pero son decisiones que hace tiempo el Consejo que preside Enrique Cerezo no quiere tomar y suele caer en la dictadura de los vestuarios. Otro año más que el Calderón deberá sufrir un final de temporada apático y sin alicientes, aunque como todo es susceptible de empeorar si se lo proponen son capaces de dejar pasar a Racing, Recreativo y Getafe y al final se quedarán en la Intertoto. Es el justo premio a tanto desafuero sobre el fútbol que han realizado los rojiblancos esta campaña, empezando por un entrenador muy cabezón en sus ideas.




