El Tour sigue dando ejemplo
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La propuesta de que los ciclistas implicados en la Operación Puerto no participen en las tres grandes vueltas es una proposición valiente. Nadie les puede prohibir competir, pues no están sancionados; la decisión tendría que ser negociada entre los equipos y sus corredores. Éstos se han visto favorecidos por unas leyes garantistas y las pruebas en su contra no han sido suficientes. Pero eso no quita para que muchos piensen que la sangre encontrada en los frigoríficos de Eufemiano Fuentes era efectivamente de ellos y que estaba allí para ser utilizada fraudulentamente, no para transfusiones en caso de accidente. Además, nadie ha reconocido que fuera suya, lo cual complica enormemente la resolución de cada caso con la ley en la mano.
Ni siquiera el abogado de Ullrich, cuya sangre ha sido autentificada a través del ADN, lo ha admitido. Estamos acostumbrados a que los tramposos nieguen la evidencia. Si el contraanálisis confirma el positivo, es que el laboratorio se ha equivocado; si el positivo es de libro, el tramposo dirá que alguien le ha metido la sustancia dopante en la comida o que la testosterona le ha subido por la noche loca que disfrutó. En el caso de la Operación Puerto está pasando lo mismo. Hay 54 ciclistas identificados y todos dicen que la sangre no es suya. Y como eso el Tour no se lo cree, dice que son los propios equipos quienes tienen que ayudar a limpiar el ciclismo. Pues tiene toda la razón. Ellos saben mejor que nadie lo que sucede dentro.




