Quique tiene su salvavidas en el ataque
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Capello y Quique S. Flores coinciden en vivir sobre arenas movedizas. No les tienen cariño sus aficiones, por decirlo dulcemente, pese a que empujón a empujón Madrid y Valencia están ahí en la pelea desesperada por el tren de la Liga. Más o menos se les acusa de lo mismo, que es esa prioridad táctica de defenderse muy bien para buscar la victoria. Capello, muy a su pesar, ha rebajado la pose a la fuerza metiendo en campo a hombres como Guti, Gago o el propio Robinho, hasta hace bien poco denostado. Quique lo tiene muy claro. Hoy, en el Bernabéu, entrega el eje del equipo a dos jugadores de fuerza, Albelda y Albiol, sobre los que se construye la red defensiva por detrás y el armazón ofensivo por delante. Estas decisiones traen un fútbol bastante inestable en el Valencia, que en muchas fases pierde el balón y no lo encuentra. Esta es una acusación continua contra Quique en Mestalla. Pero en el fondo, Capello suscribiría este dibujo con Diarra y Emerson.
Quique tiene en su Valencia, sin embargo, cosas que el Madrid de Capello no ofrece. Por ejemplo dos extremos sensacionales, Joaquín y Silva, que levantan al equipo, y dos puñales que están entre lo mejor de la Liga, Villa y Morientes. Cuatro futbolistas que rompen el molde y son el salvavidas del técnico. En el Madrid todo parece más prefabricado, salvo que Robinho saque un conejo de la chistera. El público pide jugadores espectaculares y por eso Quique y Capello pasan tan malos tragos.



