Yo digo Juanma Trueba

Esperanza de los espartanos

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Terminar una quiniela y creerse millonario es algo inconsciente e irremediable. Todo parece encajar. Como si la plasmación en el papel de nuestros deseos tuviera un efecto persuasivo sobre el futuro. El sentimiento es tan viejo como el bisonte de Altamira, que era un pronóstico sobre el animal que serviría de cena. Y con inspiraciones parecidas (más o menos alimenticias) se han grabado en los árboles nombres de muchachas y hasta de muchachos.

Desde hace algún tiempo en el Madrid se ejercitan los músculos de la invocación, que son los del optimismo. Así, Sergio Ramos ha pronosticado que serán campeones con nueve puntos de diferencia sobre el Barcelona, mientras Casillas, de natural precavido, imagina el título con un solo punto de ventaja. Nada que oponer al entusiasmo de los espartanos, mejor valientes que afligidos. Y nada que reprochar a sus esfuerzos por mantener viva la esperanza. Sin ilusión no habría quinielas, ni pinturas en las cuevas ni enamorados en los troncos. Ahora sólo falta convencer a la realidad, al bisonte y a la chica.

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