Fernando ha dejado de ser un Niño
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No volveré a llamarle Niño. Fernando Torres ha pasado a ser un futbolista de altos vuelos y con tratamiento de usía. El gesto que tuvo ante el Mallorca está al alcance de muy pocos. En pleno marasmo de desaciertos, cuando la pita era de las que hacen historia en el Calderón, el capitán se puso los galones, peleó por una pelota imposible, se fue por la izquierda con facilidad y se sacó de la manga un precioso centro a la cabeza de Mista que transformó a unos aficionados hartos de los despropósitos de su gente. Cambió la actitud de la gente y consiguió abrir una puerta a la esperanza. Un detalle que se recordará por mucho tiempo y de los que no deben pasar desapercibidos al personal. Torres sigue sosteniendo en sus botas el sueño de entrar en la Champions.
Este año Fernando ha crecido de manera rapidísima. Ha ido asumiendo sus errores en los penaltis, su cambio de posición en la pizarra de Aguirre, la confianza de Luis en Villa y salir incluso de una convocatoria de la Selección, y nunca ha subido el tono de sus declaraciones. Ha apretado los dientes y con las críticas ha ido aprendiendo que también existe el lado oscuro del fútbol. Ahora no quiere escuchar cantos de sirena de Inglaterra o Italia, ya que ve más cerca que nunca la posibilidad de jugar en Europa con su Atlético que ha sido su meta final desde que le dieron la alternativa en Albacete. Hasta sabe que le pueden traer más compañeros de calidad para pelear por títulos en un futuro inmediato. Don Fernando se merece un homenaje colchonero.




