La máquina se rompió en dos
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Vayamos primero a lo evidente: Luis Fabiano no puede jugar en un equipo que quiere luchar por la Liga, Copa y UEFA. Los técnicos siguen clamando reconocimiento para la calidad de este peculiar brasileño, pero uno se limita a contar lo que ve, que es nada. Anoche tuvo otra oportunidad de reivindicarse y la entregó. Si no hubiera marcado el gol en la final de la UEFA, quizá ya ni estaría en el Sevilla. Los días pasan y su calidad aún no ha explotado. Va siendo hora. Villa le dio una lección de efectividad. Dos futbolistas distanciados a años luz.
Pero la máquina sevillista se rompió por otros muchos lados. Navarro estuvo mal, dejando libres huecos que le abrieron autopistas a los rivales, Adriano ofreció su versión irregular y Navas... ¿qué le pasa al niño? Está ausente, con miedo para encarar, sin chispa, sin peligro, sin gol, sin casi nada. El canterano lleva demasiado tiempo atascado. Juande lo colocó en la mediapunta para buscar su reacción, pero encontró a un jugador previsible. Al igual que Alves, que lleva tiempo sin ser ese futbolista poderoso que asombra a todos. Sin Poulsen, Kanouté y Kerzhakov este equipo es otro. Juande tiene que rotar y su apuesta por la UEFA y la Copa es evidente: ahí siempre están los buenos.



