El efecto de un viejo complejo
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Más allá de truculentas conspiraciones federativas, intuyo que en muchos árbitros españoles existe el impulso de castigar al Real Madrid para liberarse de un viejo complejo que durante años alimentaron realidades y adversarios, casi siempre derrotados. Es por eso que ciertos colegiados entienden que la mejor forma de no resultar sospechoso de favorecer al Real Madrid es perjudicarlo, sin premeditación ni alevosía, pero resolviendo cualquier duda en contra de los intereses blancos. Y como esa severidad desproporcionada ha encontrado la indulgencia social del mayoritario sector de los antiguos agraviados, los errores se repiten sin fin. Dicho esto, considero que las quejas madridistas, convertidas en justificación, no son más que otro síntoma de debilidad deportiva e institucional. No es nuevo que los equipos que se sienten más perseguidos suelen ser los más frágiles, aquellos que, por no poder controlar su destino, están más expuestos al poste, la lluvia o el árbitro. Y algo similar ocurre con los directivos quejosos. Todo esto, sin entrar en la merma de grandeza que significa culpar al árbitro de una derrota en Santander.
Comprendo los lamentos de Robinho, pero él también debería recordar que por sus botas (y por su fama) pasó la ocasión de resolver el partido y alejarlo del barullo final. Y mayor responsabilidad recae sobre Capello, que ni siquiera con la ayuda de cien millones en fichajes ha conseguido armar un equipo apreciable en algo. De eso sí habría que quejarse. Y mucho.



