Zigic sabe que hay que dejarse caer
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Esta temporada el Racing ha encontrado un filón desde el punto de penalti. Ya le han pitado la friolera de doce penas máximas, con una efectividad en la transformación considerable. Sólo dos fallos, los dos en la primera vuelta, cuando la plantilla veía como una meta muy lejana optar a meterse en competición europea. Zigic es el maná racinguista en este tipo de jugadas, y el blanco de las forzadas zagas rivales, que no saben cómo frenar el empuje del gigantón serbio. El espigado delantero sabe que le agarran de forma considerable dentro del área, y ha entendido muy bien en su primera campaña en España que si no te dejas caer, los árbitros difícilmente van a pitar la infracción.
Cannavaro abusó en el placaje y aunque parece que no es suficiente para derribar a un mocetón de más de dos metros, lo cierto es que Turienzo estuvo acertado en la señalización del segundo penalti. El recurso racinguista de enviarle pelotas al corazón del área es el plan B, cuando el de la elaboración y desborde de Munitis no es suficiente. El fuelle del menudo delantero se acabó mediada la segunda mitad, y ahí los envíos laterales cobraron protagonismo. El resto de la historia concluye con otro foráneo de relumbrón, Garay. El argentino se ha destapado como un especialista desde el punto fatídico. Ya lleva nueve goles, siete de penalti. Siempre duro y a la derecha del portero, ayer sorprendió al cambiar la dirección en el primero; en el segundo sí apostó por su lado fetiche.



