Martin Jol se merece tiempo
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Como se sabe, en Inglaterra están los cuatro primeros y luego el resto sigue la misma senda pero varios kilómetros atrás. Acudir a White Hart Lane anoche fue un salto en el tiempo. Incrustado entre edificios medio abandonados, en un barrio modesto, el estadio ha cambiado muy poco desde los ochenta. A él se acercan pocos trajes y mucho chándal, casi todos hombres ("somos el ejército de Martin Jol", gritaban). Las mesas de trabajo son de palmo por palmo; la sala de Prensa, una cantina de equipo regional, donde se sirvieron pasteles de ternera e hígado y los cubitos se cogían con la mano. Los centrocampistas ni son grandes ni la tocan demasiado bien. Jermain Jenas es uno de esos mediocentros que solían pasear por Europa los equipos ingleses de los noventa: escaso de cuerpo, con una técnica por depurar pero que costó en su día doce millones de euros. Caro y eterna promesa. Posiblemente sólo valgan el búlgaro Berbatov, el extremo Lennon y el capitán King para un grande.
Pero el holandés Martin Jol sabe que está construyendo un equipo y una segunda parte con más agallas y más ruido sugiere que va por el buen camino: otro preparador europeo con idea de club y con tiempo y dinero para levantar la casa. El Tottenham irá poco a poco levantado el vuelo y partidos como el de ayer, así lo admitió Jol en privado, ayudarán a competir a su equipo: el Sevilla dejó imagen de equipo solidario y de calidad en todas sus líneas, el perfecto representante de lo que ofrece nuestro fútbol ante el poderío financiero inglés.




