El R-10, Ronaldo y Capello
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El punto de inflexión de Robinho tuvo lugar en los turbios días de la venta de Ronaldo, allá por enero. Desde el club se dejó correr el mensaje de la disoluta sociedad formada por los R&R, incompatible con la práctica de un fútbol de alto rendimiento. Así sucedió que el R-9 enfiló para Milán y el R-10 se enganchó un gran enfado contra quien le puso en el disparadero. Fue Mijatovic, para ser exactos. Tres meses después Robinho es un futbolista útil que ha recuperado parcialmente los valores por los que fue contratado. Aún no es la excelencia, pero funciona.
No digo con lo anterior que Ronaldo fuera la única causa de los males de Robinho dentro y fuera del campo. Pero el río sonaba y agua llevaba. Y es indiscutible también, por supuesto, la responsabilidad de Capello en la distorsión del brasileño, al no darle el amparo y la confianza debida. Pero el italiano le pasaba factura, aplicando una terapia equivocada, por una supuesta informalidad en el trabajo. En fin, que Robinho ha superado las crisis, el madridismo lo aplaude y se entrega a su bicicleta. Sólo le falta ser más solidario con el balón y así ni Guti ni nadie le tendrá que abroncar.



