Una victoria grandiosa e inapelable

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Victoria grandiosa, inapelable, de las que se festejan durante toda una semana. Porque era el Barcelona, el líder, porque era un desafío mayúsculo y porque coloca al Zaragoza en plena pelea por la Liga de Campeones. Esta vez de verdad. Era la prueba definitiva y el Zaragoza la solventó con creces. El equipo aragonés tuvo fútbol, energía, determinación y oficio. Lo tuvo todo, a excepción de la puntería necesaria para haber liquidado el pleito antes del descanso. Lo mereció, sin duda. Porque el Zaragoza fue mejor. Y suyos fueron todos los hombres del partido: Gabi Milito, Piqué, Juanfran, Sergio García, Diego Milito y, especialmente, Andrés D'Alessandro. El encuentro de Mandrake fue sencillamente soberbio. En el Barça habrán soñado con él. Seguro. ¿También lo ficharán?
Rijkaard repitió en La Romareda el dibujo que tan bien le salió en la Copa, pero esta vez se encontró con la horma de su zapato: Víctor rescató de su propio túnel del tiempo el 4-2-3-1 y el juego de sumas y restas le hizo al Barça un boquete descomunal por la banda derecha, con Diogo percutiendo con su fuerza de cíclope y Sergio García bailando una y otra vez a Puyol. Durante toda la primera parte, el Zaragoza fue mejor, notoriamente mejor, y rondó el gol hasta en cuatro ocasiones claras. Pero se fue al descanso sin premio. Luego, claro, Rijkaard volvió a la defensa de cuatro. Y pasó a mandar en el partidohasta que enseguida vino lo que faltó en la primera parte, el gol de la justicia, el gol que cocinaron entre D'Alessandro y Diego Milito, un gol que permite soñar con todo.



