Sobre los perfiles y los métodos
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En su búsqueda de un nuevo entrenador, se le ofrecía al Madrid la posibilidad de optar por el perfil de Del Bosque o por el perfil de Capello, definiendo ambas opciones, no la silueta de los candidatos (asunto en alta consideración durante el mandato de Florentino), sino su forma de dirigir los grupos, con mimo o con rudeza. No sin ciertos temores (al desmadre, mayormente), se optó por la primera opción, es decir, por Schuster, descartando así a Benítez y Mourinho, ambos con una visión de la vida más castrense (o castrante, según). Dejando de un lado el método de los aspirantes (el librillo, según Valdano), la elección definitiva parece la más adecuada.
La razón es que para dirigir una plantilla como la del Madrid (o la del Barça), repleta de egos y susceptibilidades, el tacto se demuestra como la única solución posible. Las palabras de Del Bosque en la página adyacente son reveladoras. Tanto como las de Capello, algo más arriba. Motivar u ordenar. No hay dilema si hablamos de futbolistas que lo tienen todo. Ellos son inmunes al castigo. Ante eso, sólo queda esmerarse en el casting, reunir a los mejores e incluir entre ellos a un par de tipos como Geremi y McManaman, con la sonrisa infinita y el brindis dispuesto. Eso falta. Y lo contrario sobra.



