Jose, en un lugar de La Mancha...

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Tras el Mundial de Italia en 1990, un avispado representante engañó a Conejo, portero de Costa Rica, selección revelación de aquel evento, para que fichase por el Albacete. Le dijo que era el "máximo favorito para ascender a Primera". La realidad era que acababa de subir de Segunda B y que, a priori, su plantilla era limitada. Pero con Benito Floro en el banquillo, ese equipo, en efecto, consiguió ascender y los Catali, Parada, Menéndez, Coco y Zalazar forjaron la leyenda del 'Queso Mecánico'. De sus escalafones salió Fernando Morientes. Ahora los manchegos dan la impresión de atravesar numerosos problemas que, en mi opinión, comenzaron el desacertado día que su Consejo de Administración decidió destituir a Jose González. Ahí empezó su caída.
El técnico gaditano mantenía a flote al equipo, pero el cambio se decidió cuando, tras una derrota contra el Numancia, cayó por primera vez en puesto de descenso. Le echaron y el Alba no ganó ni un partido. Eso mismo le pasó al Málaga. Cesó a Antonio Tapia y la decadencia iniciada con Manolo Hierro en el banquillo aún no tiene fin. Esa experiencia le ha servido mucho a Jose. Albacete le dio la oportunidad de entrenar en Primera y de conocer los sinsabores que tiene la carrera de entrenador, tras tres años en la Tacita de Plata donde todo lo que tocaba lo convertía en oro. Esta es la ley del fútbol. Y si no, vean el caso de Oli. Fue cesado por la dictadura de los malos resultados y sin embargo, es un futuro técnico con mayúsculas. Como Jose.



