Yo digo Juan Mora

Días felices en el baloncesto

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Nada se ha ganado todavía, pero estos días hay miles y miles de seguidores felices. Los del Madrid por verse en la final de la Copa ULEB, los del Unicaja, Winterthur y Tau por haber firmado ya el pase a los cuartos de final de la Euroliga, los del Estudiantes y Akasvayu por estar en la Final Four de la Copa FIBA. El baloncesto es fuente de satisfacciones, unas más intensas que otras según sea el sistema de competición, y hay que felicitarse. Los éxitos contribuyen a que los aficionados, que contemplan la Liga a cierta distancia, se acerquen a los equipos que simpatizan. Se vio el martes en Madrid. Vistalegre abarrotado como si reapareciera José Tomás. Una afición entregada que disfrutó como hace años no se veía.

El baloncesto tiene una fuerza colosal y la pena es que desparrame su energía en partidos sin trascendencia. Mismamente la jornada europea de ayer y de hoy es un trámite y vuelve a distanciar incluso al seguidor. Pero cuando llega la hora de la verdad, la afición se abre de capote; entonces el baloncesto arrastra y se hace grande. El público se convierte en protagonista y los jugadores lo agradecen. Reyes calificó la afición del Madrid como la mejor de Europa y Plaza entregó su corazón catalán a los espectadores madrileños. Gestos similares se repiten en Málaga, Barcelona, Vitoria y Girona. Ya quisieran para sí otros deportes este entusiasmo. Ya ven: Gemma Mengual lleva tres medallas en los Mundiales y apenas nadie habla de ella.

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