Ha vuelto el Madrid colosal
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Se merecía esta alegría el Madrid. Recuperó el entusiasmo, la felicidad y la autoestima cuando más lo necesitaba. Había que ganar por ocho puntos al Kazan y lo hizo por veintiuno. Y no resultó fácil, que en el segundo cuarto el Kazan dio muestra sobrada del temple de sus jugadores. Un partido tenso, duro, vibrante, convertido cada rebote en una batalla y cada saque de banda, casi. Público enardecido, nervios, tensión, errores ¡cómo no!, pero también aciertos colosales. Triples de Hervelle, triples de Bullock, Reyes hecho un caudillo. Tremendo. Cada canasta, cada falta provocada, era saludada con un gesto, con una mirada de conjura al compañero. Había que estar en la final y el Madrid ya está. Terminó su mes sabático.
Lo mejor del Madrid es que ayer no fue sólo Reyes ni sólo Bullock. El Madrid de inicio de temporada, ése que entusiasmaba y arrollaba, resultaba demoledor porque Bullock apenas se hacía notar. Las rotaciones funcionaban y nadie se hacía imprescindible. Ayer hubo un momento crucial. Bullock metió un triple, luego otro, el Madrid se fue a los trece puntos de ventaja. Plaza le sustituyó. Cuando Bullock regresó a la cancha, el Madrid ganaba por diecisiete, y eso que Smith había fallado lo suyo. Pero el sistema había vuelto a funcionar. Era lo más importante. El Madrid no sólo recuperó la alegría, sino la eficacia. Por eso está en la final. Será su segunda de la temporada. Y con un hambre de ganarla que mete miedo. Esta vez huele a campeón.




