Roberto se merece un homenaje

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Llegó con Capello y se irá con él. Roberto Carlos sembró en el verano de 1996 la semilla de una década prodigiosa. Para mí ha sido el extranjero más espectacular y rentable que haya defendido la camiseta del Real Madrid. Ya sé que Di Stéfano y Puskas fueron más célebres, pero los cuarentones como yo no fuimos testigos directos de esa época irrepetible. Sin embargo, los niños del siglo XXI sí saben quién es esta hormiga atómica de sonrisa contagiosa y velocidad de AVE. Él fue el primer galáctico. Su verticalidad endemoniada me recuerda a la que ahora exhibe Cristiano Ronaldo, el próximo megacrack que iluminará el Bernabéu.
Pero yo no olvido. Roberto nos ha dado noches maravillosas y merece irse por la puerta grande. No como Figo o Ronaldo, que se fueron a tortas con el club empañando su adiós. Robertinho ha ganado todo aquí y ha dado grandeza al Madrid. Olvidemos los últimos sucesos y el partido de Múnich. Su majestuoso legado obliga a decirle adiós con el Bernabéu en pie. Roberto, obrigado.



