Motos, puro espectáculo
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¡Llegaron las motos! Una competición espectacular donde las haya y muy nuestra. Lo vimos ayer. Por cierto, ya que vamos a ganar tantas carreras convendría que alguien se preocupara de que no se volviera a cortar el himno a lo bestia. Queda feo, es una falta de delicadeza y una desatención por parte de quienes tendrían que preocuparse de tales detalles en Dorna, en las embajadas o en el Consejo. Pero a lo nuestro: en Qatar había muchos nombres a seguir y todos dieron la talla. Dos victorias y dos podio, Rossi y un jovencísimo Stoner que llama a la puerta, Lorenzo, Barberá, Bautista y el niño Espargaró. Con tantos héroes y tan cercanos ¡cómo no van a ser la motos el tercer deporte en las preferencias del aficionado español!
Además, las carreras de motos nunca defraudan. Velocidad pura, más incluso que un Fórmula 1, adelantamientos continuos, últimas vueltas temerarias, jóvenes ansiosos por alcanzar la gloria hasta el extremo de que aquí no valen las tácticas de equipo, piques llevados hasta sus últimos extremos, un fenómeno, Rossi, quizá el mejor piloto de todos los tiempos, herido en su orgullo por no haber ganado el año pasado, un buen horario para seguir desde casa las carreras... Carreras, además, en las que en cada una de ellas se pone el título en juego, porque esto es una liga. Una mala caída y adiós. Y caídas hay todos los días. Hasta que no se alcanza la meta nadie respira. Los espectadores tampoco. ¡Cómo no van a triunfar las motos!




