Las bolsas de sangre no eran ficción

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Cuánto tiempo perdido! Y no me refiero a los nueve meses y medio que ha durado la instrucción de la Operación Puerto, sino a los años de escándalos que han tenido que discurrir para que por fin haya una Ley Antidopaje . El caso Festina, en el Tour de 1998, abrió los ojos a Francia, Italia, Bélgica A la Europa ciclista, en definitiva. Pero aquí no se creyó conveniente seguir el ejemplo. Los nuestros ganaban porque eran más guapos. Aquí ha habido mucha hipocresía y complicidad. No olvidemos, por ejemplo, que la Federación Española llegó a absolver a Txema del Olmo de su positivo con EPO, porque pretendía liderar una cruzada contra el método de detección. Aquellas quijotadas sólo sirvieron para convertirnos en un paraíso del dopaje y para llenar los bolsillos de gurús e incitadores.
Ya hay una Ley Antidopaje. Entró en vigor el pasado 23 de febrero. Un poco tarde. Los eufemianos ya se han forrado y, para colmo, se van jurídicamente de rositas de la Operación Puerto, como ya les ocurrió en el caso Manzano. Ambos procesos han sido sobreseídos porque la Ley de la Salud Pública no tiene como meta perseguir la trampa en el deporte. O lo que es igual: porque el dopaje era legal en España desde el punto de vista penal, así de claro. Pero que no haya delito penal no significa que no haya fraude deportivo en esta historia. Las bolsas de sangre no eran ficción. Existían y así lo reconoce el juez. Y mientras eso no se aclare, la sociedad seguirá pensando que hay tramposos en el pelotón y el ciclismo no recuperará la credibilidad.



