Que este 2007 no sea otro 1992

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En 1992, el CD Málaga era un aspirante al ascenso y luego acabó luchando por no descender por su mala cabeza deportiva y por movidas económicas que repercutieron en el rendimiento de los profesionales. En un dramático partido jugado en Vallecas, un cara o cruz contra el Rayo Vallecano, Mario Husillos, en el último minuto, no transformó un gol que, visto lo visto, hubiera cambiado la historia. La postrera derrota 0-1 en La Rosaleda contra el Compostela dictó sentencia. Descenso a Segunda B. Lo peor vino después. Había que cubrir 2.500 millones de las antiguas pesetas para confirmar la conversión a Sociedad Anónima Deportiva. Sólo entraron 34 y el equipo desapareció. Han pasado 15 años. ¿Les suena esta historia? Estamos en 2007 y, en plena Ley Concursal (o suspensión de pagos o renegociación de la deuda) que pretende condonar casi 30 millones de euros por mor del despilfarro, mala gestión, sueldos excesivos y comisiones abusivas. Encima, expediente regulador de empleo, vuelta al pasado.
Sólo los malagueños pueden salvar una sociedad en quiebra. Y lo del domingo es una final. Si esto pasa en Sevilla con cualquiera de los dos equipos, la ciudad se echa a la calle hasta para apoyar al eterno rival. ¿Por qué no pasa aquí? Mientras el equipo se hunde, sólo hablamos de convertir en megaestrellas a juveniles que no han demostrado nada y los políticos, en su línea, peleados entre sí. Hay que llenar esa Rosaleda. Quien esto escribe, ahí estará.



