Que la UCI tenga cuidado...
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La Unión Ciclista Internacional (UCI) tiene organizado un lío monumental. Viene de los tiempos en que Verbruggen presidía dicho organismo y Manuel Saiz estaba al frente de los equipos. Ambos montaron la de Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo como. Una competición cerrada, el ProTour, con veinte equipos bajo la promesa de repartirse la tarta de los derechos televisivos. Así, con los equipos de su parte, que para eso estaba Saiz, contrarrestaban el poder de los grandes organizadores; el resto de equipos y carreras, que los zurcieran. Y ahora viene McQuaid, que es el delfín que dejó Verbruggen en la UCI, quejándose de que el ciclismo no puede ser cosa de cuatro. Pues claro que no. Empezando por los equipos y por las carreras.
Ha habido equipos y carreras que al no entrar en la selecta categoría ProTour han ido desapareciendo. Donde antes había competencia ahora hay una raya trazada. A un lado, los buenos, los elegidos; al otro, quienes sin televisión ni patrocinadores tienen los días contados. El ciclismo de los cuatro países a los que ahora ataca McQuaid ha sido siempre pujante. Hasta que a Verbruggen y Saiz se les ocurrió lo del ProTour para controlar a los organizadores. Error: en el deporte, cuando hay negocio, manda quien arriesga su capital, no quien dicta los reglamentos. Pasa en la Fórmula 1, en las motos, en el tenis y en el golf. Pues en el ciclismo, el Tour, el Giro y la Vuelta tienen mucho que decir. Hasta pueden mandar a hacer gárgaras a la UCI.




