Nos quedamos sin rivales
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Vamos a acabar consiguiendo lo mismo que los atletas africanos: que cuando haya un español inscrito en la carrera, los demás se lo piensen. De las dieciocho medallas masculinas puestas en juego en 1.500 y 3.000 metros de los últimos tres Europeos bajo techo hemos ganado once. Más de la mitad. La verdad es que aquí tenemos un filón. Sumamos también las medallas de 800 metros y ya llevamos treinta en la historia de los Europeos. Somos buenos, tenemos tradición y a los demás les quitamos las ganas de correr. Pues a seguir la racha. Llega la pista cubierta y el español se crece. Entre que negocia mejor las curvas por su menor estatura y compite con gran confianza pues sus rivales son sus compañeros de entrenamiento, arrasamos.
Caso aparte es el de Marta Domínguez: once años compitiendo y undécima medalla. Al aire libre, dos de oro, dos de plata y una de bronce entre Mundiales y Europeos; en pista cubierta, una de oro, dos de plata y tres de bronce, también entre Mundiales y Europeos. No hay atleta en España más galardonada que ella. Nuevamente fue Odriozola, presidente de la Federación Española, quien animó a Marta a competir en estos Campeonatos. Prefería reservarse para el verano. Tiene tanta calidad, tanta casta, tanto trabajo en sus piernas, que tampoco tuvo que despeinarse para subir al podio. Así se las gasta. Y entre unos y otros nos regalaron ayer una hora de ensueño. Estarían devaluados los Europeos, pero nos supieron a gloria.




