La solución sólo la tiene el ciclista

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Me gustaría creer (y creo) en la buena fe de los ciclistas. Me gustaría pensar (y pienso) que esta vez por fin han captado el mensaje. Me gustaría que hayan entendido que el dopaje está matando al ciclismo... Que la culpa de la crisis actual no está provocada por los periodistas o los políticos de turno, o por la discriminación respecto a otros deportes... Que quienes han llevado al ciclismo al caos actual son los gurús y los incitadores, los eufemianos y beldas, los ferraris y manolos... Me gustaría confirmar (y estoy casi convencido de ello) que la única responsabilidad de los ciclistas ha sido heredar unos hábitos viciados desde hace tiempo. El ciclista crece, se hace director y todo sigue igual. Belda dio positivo cuando era corredor: el zorro cuidando a las gallinas.
En un pelotón hay de todo, como en la sociedad. Hay tramposos que lo seguirían siendo en cualquier profesión. Si tuvieran una discoteca, servirían garraf si fueran periodistas, se inventarían entrevistas. Pero la mayoría son amantes de su deporte. Los Mancebo, Santi Pérez, Vicioso, Sevilla o Serrano sólo hicieron lo que vieron a sus mayores. Pero aquello ya no vale. La sociedad lo rechaza. Me gustaría (y ahí soy más escéptico) que fueran los propios implicados en la Operación Puerto los que denunciaran su pasado, los que mostraran su voluntad de enmienda como hizo Millar. Pero hay una traba: la confesión se paga con dos años de sanción, desposesión de títulos y cuatro años de veto en el ProTour. La UCI debería ser más benevolente con los arrepentidos.



