Más que gimnasio, una sauna
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El día que la España futbolística hacía eje de todos los debates el estado físico de Ronaldinho, el principal protagonista de esta historia (el otro sería la báscula) se refugió en las entrañas del Camp Nou; más concretamente, en unas dependencias a las que acude dos de cada tres veces que la plantilla se entrena en el campo: el gimnasio. Es posible que Ronaldinho añore hoy su figura atlética y fibrada de hace muchos meses, de ahí su querencia por la sala de máquinas. Sólo así se entiende que un futbolista consolidado en lo más alto de la elite mundial prefiera las mancuernas, el press o las dominadas a lo que dice que mueve su vida, lo que le hace más feliz: jugar.
Según la web oficial de Ronaldinho, el peso ideal del gaúcho es de 80 kilos. Entre los rumores de quienes aseguran que le sobran tres, cinco y hasta siete, aparece la enésima intentona del Milán para llevárselo junto al gordo más famoso después de Maradona, Ronaldo. En San Siro no parecen preocuparse por algún michelín de más: miman al crack como no suelen hacerlo siempre los grandes clubes españoles. Ahí está, si no, la recuperada sonrisa que Ronaldo había perdido en Madrid por deseo expreso del maltratador Capello. Mientras Galliani llena la hucha, a Ronaldinho quizás le cunda más una sauna que tanto gimnasio.



