Calderón juega a la defensiva
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Ramón Calderón se levanta por la mañana y mira por la ventana buscando francotiradores. Vive en un sinvivir. Hace ocho meses que se le atragantan los desayunos. Es un hombre hambriento de buenas noticias y su paso por AS resultó un bálsamo frente al estrés provocado por el campo de minas que pisa desde que asumió la presidencia. "Yo ya he perdido la confianza en la Prensa. Estoy viendo tantos infundios que ya no sé si los periódicos y las radios mienten en todo. Me he convertido en un desconfiado", nos dice Calderón en un resumen de su existencia, asombrado por la impunidad con la que se le golpea. Tanto parece desollado que no presumió ni de ir a cuatro puntos del líder ni de cornear al Bayern, aunque no quedara herido de muerte.
El presidente del Real Madrid ha cambiado de actitud. Ha dado un giro hacia la prudencia verbal, incluso entre amigos. Anda de puntillas entre los temas espinosos, midiendo las palabras y jugando muy a la defensiva. Mucho más que Capello, que ya es decir. El presidente madridista, afortunadamente, no ha perdido la visión sensata del mundo, mantiene la estampa de un ejecutivo seguro de que su negocio es próspero y a la vista de su pasmosa tranquilidad nadie diría que hay algún incendio en el Bernabéu. Calderón transmite calma en tiempos de guerra, pero sabe muy bien quién se esconde en cada trinchera. Ayer se tomó una tregua y fue feliz junto a Cerezo, un presidente con el que comparte una de las virtudes fundamentales: gran sentido del humor.



