Una cultura de la humildad
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En el Liverpool, nadie lo esconde, pesan más el todo que sus partes. Y hay más: es capaz de lo mejor y de lo peor. Pero lo peor suele dejarse para las frustrantes tardes donde pese a dominar, a tener más ocasiones y ser mejores, se puede perder (Blackburn, Newcastle). Lo mejor suele aparecer en las grandes ocasiones: y pocas veces se va a encontrar la joven plantilla en una noche con tantos focos y tantas miradas. Desde la llegada de Rafa Benítez el equipo ha ido creciendo con poco dinero, mucho trabajo y algún tropiezo. Lo que salía al final de la temporada (títulos en sus primeros dos años) estaba por encima de lo que el español tenía entre manos, pero lo que estamos viendo ahora es el final del Liverpool como lo conocemos. La llegada de los dueños norteamericanos va a traer otro tipo objetivos en la cancha y en el mercado. Pero eso será a partir de la temporada que viene.
El partido del Camp Nou se va a convertir en una entrevista de trabajo para algunos (¿valdrán para un Liverpool más ambicioso?), en el modo más directo de obtener gloria en una temporada de transición y a la vez en un escaparate para nuestros emigrantes que necesitan verse en las tertulias de los bares y sentirse parte de la cultura futbolística que dejaron atrás. Muchos años de decepciones en el Liverpool ha creado una cultura de humildad, de sensación de no pertenecer al grupo de los grandes, cosa que le irá muy bien hoy para dejar las cosas a punto para un Anfield hambriento que quiere guerra.




