"¿Tomi, nos ha tocado la Lotería?"

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Así de explícito rezaba un SMS que recibí a las 19:07 horas de ayer. El infundado rumor de que Capello había dimitido excitó a algunos de mis fieles, tan hartos como yo de este túnel sin salida en el que nos ha metido el italiano ("el lado oscuro", que diría Iker). La cuestión es que la afición ya está cansada de los pulsos que el general Capello lanza al club en los momentos en los que sabe que va a hacer más daño. Y todo porque quiere preservar su finiquito millonario, para que luego digan que es un madridista de verdad. ¡Pamplinas!
Fabio ha hecho, de nuevo, un flaco favor a la causa. El carnicero del barrio, vikingo hasta las cachas, quería ayer crecerse ante el frutero para recordarle que su amado Atleti fue arrasado en Sevilla, que el Barça sigue en caída libre con Etoo muerto de risa y que su Madrid está ahí, a cuatro puntos de los líderes y con todo el campo por conquistar. Pero llega Capello, le planta cara a su jefe (Mijatovic lo es, aunque maldita sea la hora en la que se le ocurrió recomendar al pitbull italiano) y echa sobre la afición un jarro de agua fría en vísperas del duelo más esperado del año. Pero el Madrid es tan grande que sobrevivirá a Farsello. Noventa minutos en el Bernabéu siguen siendo molto longo...



