Nikola y la punta del iceberg
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Desde aquella temporada 93-94 de Irureta en la que el Racing acabó la Liga en octava posición, no recuerdo otra ocasión en donde comenzada la segunda vuelta el equipo transmitiera una sensación de confianza en su juego que le otorgara una plaza noble en la tabla. Y la clave tiene un nombre: Nikola Zigic. Aunque al resto de la plantilla no le haga gracia el protagonismo que tienen en los medios tanto el serbio como Munitis y últimamente Garay, lo cierto es que los números cantan y sin el serbio sobre el césped el Racing ha sido incapaz de marcar un gol. El juego racinguista es simple, pero efectivo; sin desmerecer el esfuerzo y el desgaste que realizan los Pinillos, Vitolo, Serrano, Scaloni... si el gigante no estuviera ahí arriba, otro gallo cantaría.
Llegó como Plan C tras el no de Cavenaghi y Sobis, y Pernía pagó seis millones de euros, que hoy se ven como una brillante inversión. En el club se frotan las manos pensando en la tajada que pueden sacar en verano, pero ojo... sin Zigic el juego del equipo no tiene nada que ver con el actual y Portugal tendría que improvisar una solución. Pero lo más importante es que sin Zigic el Racing no tiene la eficacia y la referencia de un nueve que es vital e insustituible a día de hoy.



