Ramos, el fichaje más barato

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Le miro a los ojos y veo en el brillo de sus pupilas la furia irreductible que hizo de gente como Pirri, Camacho o Stielike emblemas imperecederos de este club. Sergio Ramos sólo tiene 20 años y sé que tiene mucho que aprender, pero en temporada y media ya ha obtenido la licenciatura más difícil que existe en la universidad del Real Madrid: orgullo y compromiso. Este chaval sin complejos parece haber nacido entre cromos de Pachín, Zoco y De Felipe, porque se muestra en el Bernabéu como un dragón de mil cabezas capaz de defender como un Puyol de última generación y de acudir al ataque como si de niño hubiese emulado a Santillana en los campos de tierra de Camas. Ramos costó 27 millones de euros, pero ha sido el fichaje más barato de la etapa final de Florentino. Ha calado hondo en ese madridismo cansado de los cuentos de hadas y necesitado de películas de dos rombos.
Ramos es el presente luminoso de un club que crecerá en torno a su melena desatada, a los guantes de Iker, a la sutileza de Gago... y a la velocidad diabólica de Ronaldo (Cristiano). Además, Ramos tiene corazón, arte y sentimiento. Me lo demostró en ese encuentro inolvidable con José Mercé, una voz desgarrada por cuyas venas corre sangre blanca. El auténtico himno del Centenario fue el del jerezano. Hasta mi cuñado, que es del Atleti y apasionado de Camarón, me dijo que lloró al escucharlo. Mercé está aburrido de Capello. Como yo. Pero cree en la nobleza de diamantes como Sergio...



