El Madrid es su propio enemigo
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Ayer el Madrid de baloncesto volvió a asomarse al abismo. Doce puntos en el primer cuarto le precipitaban al vacío. Con doce puntos en un cuarto no se puede ganar al baloncesto. Ya no es sólo cuestión de que el rival te meta veinte puntos, sino de que si se cometen más fallos que aciertos en cada ataque, no hay nada que hacer. Y el Madrid, por las razones que sean, lleva una racha preocupante. Ya contra el Tau falló 31 lanzamientos en jugadas y frente al Winterthur elevó la cifra a 47. Ayer llevaba este camino hasta que Raúl López cogió la racha, enmendó el partido, recuperaron la confianza sus compañeros y al final hasta jugaron con alegría. Aún así, falló 36 lanzamientos. Demasiados. Y sólo metió 19 canastas en juego. Muy pocas.
Esta vez el rival no era un equipo cuyo presupuesto le permite fichar a lo mejorcito del mercado y aspira nada menos a la Euroliga. Era un equipo alemán que está en la segunda división europea y cuyo único jugador conocido por la afición española es Owens, de efímero paso por Granada. Pues este equipo, el Alba, tuvo contra las cuerdas al Madrid no porque lo bordara, sino porque el Madrid tiene dentro a su propio enemigo. Se pone a fallar y, como un enfermo de vértigo, él solito se cae al vacío. Las rotaciones no le funcionan como antes y si éstas hacían mejores a los jugadores, desde que llegaron Milic y Sekulic se han atascado. Cuando Bullock y Smith fallan, anotar se convierte en cara o cruz. Y eso, en el baloncesto, se paga.




