Detrás del ciclista hay mucho más

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El Paseo Marítimo de Palma, que hoy acoge la primera prueba de la Vuelta a Mallorca, vio tres veces levantar los brazos victoriosos de Isaac Gálvez en 2002, 2003 y 2006. El sprinter catalán perdió la vida el pasado noviembre en el velódromo de Gante, en pleno ejercicio de su profesión. Que la temporada española 2007, precisamente ésta, comience con un homenaje a Gálvez me parece que tiene una enorme simbología, porque nos recuerda la cara más humana y dramática de un deporte que, además, vive apaleado por sus propios errores históricos.
Un ciclista se entrena todos los días a cuerpo descubierto en unas carreteras donde los vehículos pueden ser armas letales, como lo fueron para Ricardo Otxoa, o Antonio Martín, o Néstor Mora, o tantos otros más anónimos: uno cada cuatro días, dice la estadística. Un ciclista está expuesto a los riesgos de la propia competición, como Casartelli, o Kivilev, o Sanroma, o Manuel Galera, o Santiesteban, o Agostinho... O Gálvez. Un ciclista vive en permanente peligro, hace constantes sacrificios. El año después de la Operación Puerto, el año del conflicto del ProTour, nos recuerda en su primer día que detrás de un ciclista hay algo más. Mucho más.



