El divorcio también es un arte
En la nueva tienda del Real Madrid aún luce la cara de Beckham en los escaparates. Y no está entre rejas. Junto a él, Diarra y Raúl, reclamos más desiguales. Intuyo que a ambos se les hará la vitrina inmensa cuando les abandone su compañero. Entonces desaparecerá también de los expositores la línea de ropa exclusiva que firma el inglés. Y ya no quedará rastro de Beckham.
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El pasado domingo, antes de la Superbowl, posaron juntos Demi Moore, Ashton Kutcher (su novio de 29 años) y Bruce Willis (su ex marido de 52). Y sonreían. Las agencias rebotaron la imagen como si se tratara de una reunión inaudita. Y no era exactamente eso. Era un ejemplo de convivencia, de negociación y de interés común. Juntarse para ganar: cariño, amor, respeto, contratos... Juntarse para ser vistos.
Si el Madrid no hubiera sido tan torpe, el próximo verano ese expositor vacío de Beckham se llenaría con las camisetas amarillas de Los Angeles Galaxy, porque no habría incompatibilidad ni en la marca ni en los afectos. El jugador seguiría siendo del Madrid. Dinero e imagen. Separados pero juntos. Amigos aunque divorciados. Y todos sonriendo, todos ganadores.



