Vergüenza en el balonmano
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Los árbitros noruegos que tomaron decisiones equivocadas a favor de Alemania en el partido contra España no pitarán más en el Mundial de balonmano. Les han mandado para casa. Es decir, les han expulsado de la competición. Para adoptar esta medida el comité técnico ha tenido que ver muy clara la parcialidad del arbitraje a favor de Alemania. Ésta se hizo evidente a partir del minuto 51, cuando empatamos en el marcador. Si es así, y tampoco puede haber sido de otra manera, puestos a hacer justicia habría que ordenar la repetición de los últimos nueve minutos al quedar demostrado que los árbitros influyeron decisivamente en el resultado. Tiempo hubo para ello. Ayer, tanto Alemania como España no tuvieron que jugar.
¿Que hubiera sido un escándalo? Sí, pero no lo es menos que fueran los árbitros quienes decidieran que Alemania continuara hacia la final y no España. Lo mismo hubiéramos quedado fuera con un correcto arbitraje, pero eso es algo que no se podrá saber jam lo que sí se sabe y ha quedado demostrado es que los árbitros, a raíz de ese amenazador empate de España a falta de nueve minutos, se encargaron de parar nuestro ataque con faltas inexistentes y, por el contrario, se inventaron hasta penaltis a favor de los alemanes para ayudarles a que abrieran brecha en el marcador. Resultó una bofetada en la credibilidad del balonmano, que no se lava echando a los árbitros, sino ordenando repetir los nueve minutos de la vergüenza.




