Sin Ronie no tiene escondites
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No lo dijo nunca Raúl explícitamente, pero tampoco era un secreto: el capitán no comulgaba con Ronaldo en la forma de entender la vida y el fútbol. Convivieron en el vestuario a prudente distancia, con un estricto respeto calculado. Y unieron los esfuerzos en el césped por el bien de los objetivos comunes. Pero jamás tuvieron química entre ellos. Raúl llegó a sentirse desplazado del interés general en los momentos álgidos del 'florentinato', cuando Ronie era la pieza angular del madridismo.
La competencia de los Galácticos devoró la estrella de Raúl. Y él pataleó por mantener su jerarquía en el campo, mirando de reojo a Ronaldo como a un consentido invasor de su territorio. El capitán fue perdiendo el paso de la gloria y encontró en Ronie la justificación perfecta para emboscarse. Al llegar Capello el guión de la película cambió y en el desenlace ha muerto el protagonista. Ronaldo no existe, la Galaxia ha estallado, es la hora del superviviente Raúl. Vuelve a la primera línea de fuego a pecho descubierto, sin escondites, con la máxima responsabilidad de partirse la cara junto a Van Nistelrooy en busca del gol. Capello se ha quedado sin soluciones y le entrega los trastos de entrar a matar. Raúl está ante el último reto para demostrar que sabrá lidiar este toro.



