Hasta el rabo todo es toro
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Implacable Dakar. Ayer Coma ya tenía la victoria a su alcance, no tenía más que controlar a Despres, a quien aventajaba en 52 minutos, y hoy tiene que celebrar que siga vivo. En el Dakar ventaja no son ni dos horas. En el Dakar las victorias no se consiguen hasta cruzar la meta. Ya puede uno ser prudente, administrar la diferencia conseguida en días anteriores, que aquí el dicho de hasta el rabo todo es toro viene al pelo. Coma no es el primero que sale volteado antes de que se apuntille el toro. Que se lo pregunten a Roma antes de su victoria en 2004. Y, como decía antes, lo que hay que celebrar es que la cornada no sea mortal. Porque el Dakar mata. En los tres últimos años la posibilidad de que haya un accidente mortal está siendo del 100%.
Es cierto que el caso de Coma ha sido una auténtica mala suerte, pero tampoco me gustaría que nos fuéramos a creer ahora que tenemos el patrimonio de la fatalidad. El mismo día que Sainz se quedó tirado en el desierto se le incendiaba el coche a De Villiers, líder de la categoría con una hora de ventaja sobre Sainz y media sobre Stephane Peterhansel. Sainz pudo ser remolcado, seguir en carrera y ganar etapas. Y en esto de la mala suerte, de la que ciertamente nadie está a salvo, en algo tendrá que ver también el piloto. A Peterhansel, por ejemplo, rara vez le suceden desgracias. De otra manera no llevaría ocho victorias en el Dakar, en motos y coches indistintamente. Y quizá mañana asistamos a la novena.




