Yo digo Alejandro Delmás

A Federer siempre le queda París

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Se cumplen 50 años de la muerte de Humphrey Bogart (al que siempre le quedarán Lauren Bacall y, sobre todo, Ingrid Bergman), y los telediarios repasan "esa" secuencia, igual de asombrosa, igual de inolvidable a pesar del paso del tiempo, o quizá precisamente por eso: en Casablanca, o donde fuese, en el fin del mundo, a Bogart y Bergman siempre les quedaba París. Y en Shanghai y en la India, en sus vacaciones en el Caribe o la Polinesia y en su retiro suizo de Oberwil, al gran maestro Roger Federer siempre le persigue la sombra ocre que despiden los abedules parisinos del Bosque de Bolonia rumbo al solsticio de verano, en las tardes rojizas de Roland Garros: es como la sombra de Robespierre sobre la infeliz María Antonieta.

Da la sensación, y el mismo Federer lo confirma, de que el número uno del planeta ha planificado con las neuronas en París. "Me quedan tres o cuatro años de esfuerzo al máximo nivel; después ya se verá", ha llegado a decir Federer. Entre líneas cabe leer que casi todas sus aspiraciones están colmadas. Roger alaba a Wimbledon y al halo bendito del All England, que es como el patio de su casa. Pero sabe que, mientras le quede París por ganar, siempre caerá sobre su leyenda la sombra ocre del rojizo solsticio de verano en Roland Garros.

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