Milito o una cuestión de carácter

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Lo de Gabi Milito es fundamentalmente una cuestión de carácter. De personalidad. De espíritu. Cualquier otro en sus circunstancias (rechazado y hasta podría decirse que despreciado por el Real Madrid, porque, supuestamente, tenía una rodilla de cristal) se hubiese vuelto a Buenos Aires desmoralizado, o hubiera durado cuatro días en nuestro fútbol. Era la oportunidad de su vida y se le fue de las manos de un día para otro. Sin saber todavía muy bien por qué. Aquél era el Madrid galáctico, el Madrid campeón, el Madrid de la fama y el prestigio. El Madrid universal. Y todo eso se le vino abajo a Milito por un extraño reconocimiento médico. El caso es que el Zaragoza, que lo perseguía a sol y sombra desde hacía tres años, agarró el rebote sin pensárselo y le ofreció los galones de mando que le negó el Madrid. Y Milito respondió. El Mariscal se levantó y respondió. Tanto que al año el Barcelona vino a ficharlo.
Milito cumple su cuarta temporada en el Zaragoza. Y lo ha jugado todo. Y lo que es mejor, cada día juega mejor. Se le ve feliz, involucrado. Comprometido con el equipo y con el nuevo proyecto. Y, como Agapito Iglesias y Víctor Fernández, también sueña con un Zaragoza campeón de Liga. A dos o tres años vista. Hace tiempo que Gabriel Milito se olvidó de lo del Madrid para pensar sólo en el Zaragoza. El equipo aragonés buscaba un líder y encontró a uno de los mejores. A un gran jugador y a un gran líder.



