Juanito y la última noche en la que el Madrid fue el Madrid

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Fue la última vez que lloré. Y lo confieso orgulloso. 15 de febrero de 2005. El Bernabéu hervía como en los viejos tiempos, la gente se abrazaba antes de entrar al estadio como si estuvieran secuestrados por una locura colectiva y todos gritaban eufóricos: "Vamos a hacerlo. Les metemos 5-0 y se lo dedicamos a Juanito". Un viejo sabio de la religión blanca comentó que esa noche se vivió una macumba, logrando que la memoria de Juanito excitase al pueblo hasta el extremo de convertir el Bernabéu en una caldera de pasiones desatadas que llegó a tener al Zaragoza al borde del K.O. No olvido aquel arranque de partido orgásmico. Minuto 1: Cicinho, por la escuadra. Minuto 5: Robinho no perdona. Minuto 10: Ronaldo (¡sí, el gran Ronie!) mete su pie derecho para firmar el 3-0. Locura total, César abatido, gente llorando, niños que querían ser del Madrid para los restos...
Pero el Zaragoza, un equipo con historia, empaque y mucha pegada cuando se enfrenta al Real, supo aguantar la tormenta y sobrevivir, incluso, al 4-0 de Roberto Carlos que hizo pensar en una hazaña que habría evitado la hemorragia institucional del club. Doce días después, dimitió Florentino... Y luego llegó Capello, ese dragón de mil cabezas empeñado en tratar a caballeros intachables, como Beckham, en mercancía sin ojos ni sentimientos. El Zaragoza asistió a la resurrección de Juanito, el último gran símbolo de este Madrid desnortado y alejado de la cultura de Don Santiago. Ahora sólo nos quedan Raúl, Casillas y dos pibitos con ganas de conocer al verdadero Madrid. El de aquella mágica noche de febrero...



