No digas que fue un sueño

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Entras por la puerta del Ritz y ni siquiera el glamour del hotel logra evitar que los saludos iniciales a las gentes del ciclismo vengan acompañados de los manidos asuntos de los últimos tiempos: "Feliz Año, ¿qué te parece tal artículo sobre la Operación Puerto?". "Feliz Año, así que la UCI ha denunciado en Europa a las tres grandes vueltas, ¿no?". La temporada nace extraña, con sus problemas cada vez más enquistados. El ciclismo lucha por su supervivencia, pero el tumor no sólo no ha sido extirpado, sino que crece. Comienza la presentación de la Race of Champions, la Carrera de Campeones, y observas que el acto lo preside un sultán, Al-Qortasi Al-Noaimi, el embajador de Emiratos Árabes Unidos en España. Más glamour. Te proyectan un vídeo sobre Abu Dhabi y sus extremados lujos. Te hablan de un oasis. Te transportas a Las mil y una noches y hasta sueñas con Sherezade narrándote a ti los cuentos en lugar de al Rey Shahriar. Te dicen que hay un millón de dólares para el ganador, que la carrera tendrá la mejor participación de la historia. Los petrodólares te hipnotizan de tal modo que hasta olvidas la necesidad de aplicar energías alternativas. ¡Viva el petróleo! Imaginas un gran espectáculo, a ciclistas con el cuchillo entre los dientes en busca del suculento botín. ¡Al abordaje!
Te has olvidado por momentos de los Eufemianos de turno (en Abu Dhabi ni siquiera habrá controles). Te vas con un colega a comer. Hablas un rato de la carrera. Poco. Y de repente te devuelve a la realidad: "Estoy desmotivado este año. No sé si el ciclismo tiene remedio".



