El absurdo de la Copa FIBA
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La Copa FIBA de baloncesto es un sacacuartos, un absurdo que algún día los clubes tendrían que desvelar las razones por las cuales aceptan voluntariamente disputarla. La Copa ULEB es prácticamente igual, pero con distinto formato, mas como su primera fase aún no ha terminado tampoco es cuestión de entrar ahora en detalles. En la Copa FIBA sí, porque ha iniciado su segunda fase. Una segunda fase en la que el Estudiantes tendrá que viajar a Chipre, Lituania y Bélgica; el Akasvayu, a Estonia, Italia y Francia. Ambos equipos vienen de una primera fase sin apenas diferencias, pues los madrileños tuvieron que viajar a Israel, Rumania y Francia; los catalanes, a Israel, Francia y Lituania, aquí por dos veces. Un pastón.
Como verán, la distribución geográfica no existe ni en la primera fase ni en la segunda. Pues calculen lo que pueden costar dieciocho billetes de avión a los confines de Europa, más autocar ya que los equipos que juegan la Copa FIBA no suelen estar en capitales con aeropuerto, más dos noches en hoteles no precisamente de pocas estrellas. A cambio, taquillas que el día que los clubes las hagan públicas entrará la risa, pues si acuden dos mil espectadores que por su condición de incondicionales son socios y encima éstos no pagan... Deportivamente, la competición tampoco da para mucho. Un título que disputan los clubes del 49º de Europa para abajo y que, a cambio, rompe el ritmo de entrenamientos. Que me lo expliquen.




