El espíritu dantesco del silbato
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Hace tres años, por quejarse de los desmanes de los malos árbitros, el caprichoso ordenador empezó a mandar colegiados caseros a los viajes del Sporting, con actuaciones lamentables que minaron a los rojiblancos hasta quedar apeados de unas opciones de ascenso que parecía increíble que pudieran perderse. Ahora ya no hay ruleta, ya que el trabajo se encarga a personas que, en teoría, saben lo que es el arbitraje, aunque alguno, como Puentes Leira, lo echaron de los campos por no dar la talla, lo que se le agradece con un buen sueldo de despacho para decir quien va a un sitio u otro. Hevia, con apellido de gaitero y una trayectoria descaradamente casera, le tocó a los rojiblancos en Murcia. Antes del partido ya se temía lo que pudiera pitar.
En La Condomina tuvo una actuación caserísima que deja en evidencia al propio gremio, por lo que hay motivos para empezar a dudar de su honestidad en algunos casos. Si el madrileño Hevia Obras erró de forma tan grave y siempre en contra del mismo lado, la falta de sentido común la tienen los que permiten tener a un colegiado como este impartiendo una extraña justicia. Además de las jugadas puntuales, como un penalti inexistente, una falta que no hubo o un gol no concedido, todo en contra de los rojiblancos, se permitió el lujo de recomendar el cambio de Congo para que no recibiera patadas. ¿Qué pintaba el árbitro en el campo? Y lo peor es que no se entiende qué motivo impulsa a Sánchez Arminio para proteger tanta incompetencia.




