Yo digo Juanma Trueba

No es un bastón, es un cetro

Actualizado a

Noticias relacionadas

Aveces pienso que si un día tuviera valor suficiente para acercarme a él y rendirme a sus pies al menos el probable bastonazo sería un recuerdo inolvidable, algo así como un preciado autógrafo con estilográfica de roble. Sí, fue un caimán, una tormenta, y todavía muerde y sopla. En esa vejez del león en invierno Di Stéfano recuerda mucho a Fernando Fernán Gómez, y creo que la comparación no desmerece a ninguno de los dos genios. Pero el carácter no es un reproche. Es un requisito. Un indicio de máxima grandeza. Porque son esos rugidos los que, en el empate técnico de las opiniones de otros, le señalan a él como el mejor futbolista que haya existido jamás.

Así es. Para los que no fuimos testigos directos, las imágenes que perduran son sobresalientes, pero no bastan. Nos gusta pensar que Di Stéfano fue mejor que Pelé, sin duda influidos por quienes lo vieron y nos rodean, pero nos faltaba la prueba definitiva. Y la teníamos frente a nuestras narices, tan invisible como todo lo evidente. La clave es el bastonazo que ronda. Sí, la confirmación de su reinado reside en el temperamento, en el ansia, en el deseo. Para declarar un ganador no es necesario haberlos visto jugar, basta con haberlos visto vivir. Lucha o ducha. Fauna o sauna. Vinagre o Viagra. Me lo explicó una vez un sabio, mi tío Lolo: "A Pelé había que darle el balón al pie, pero Di Stéfano robaba en defensa, iniciaba la jugada y él mismo marcaba el gol". Así debió ser. Porque así es.

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados