Etoo, qué pena que no viniste...

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Eso es lo que privadamente debió decirle Calderón a Etoo en el hall del hotel Abama, en Guía de Isora, al sur de esa isla paradisiaca que al Madrid se le atragantó en dos Ligas de infausto recuerdo. En el verano de 2004 se sucedieron las torpezas en torno al inmenso delantero camerunés. Nunca entenderé por qué Valdano aceptó vender la mitad de este diamante en bruto al Mallorca, ni entra en mi cabeza cómo Florentino vio con buenos ojos darle al Barça la soga del verdugo que ha capado las ilusiones del madridismo en los dos últimos años. Porque las dos Ligas y la Champions llegaron con Etoo, no con Ronaldinho. Samu es el killer, el tipo que se ha vengado despechado de su verdadero amor: el Real Madrid.
Calderón pudo ser cómplice con su silencio (como otros 17 directivos más), pero me consta que nunca entendió una operación de máximo riesgo por una cuestión de orgullo, no de criterio futbolístico. Y ojo. Me cuentan que Etoo está cansado de que en Barcelona sólo se hable de O Rei Ronaldinho y que a él se le deje como plato de segunda mano cuando toca comer a la carta. Etoo es amigo íntimo de Mijatovic y en fútbol no existe camino de imposible retorno. Calderón hizo bien de mostrarse ayer simpaticón y enrollado con el héroe de la final de París (¿quién expulsó a Lehmann y quién metió el gol que abrió la puerta de la segunda Champions culé?). El Torneo de Fútbol Siete de Arona es un gran escaparate. De ahí salieron muchos Etoos. Espero que el Madrid haya aprendido la lección. Para siempre...



