Nadie nos puede mirar por encima
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Tanto es lo mucho y bueno que ha hecho Fernando Alonso por nuestro automovilismo, que ya consideramos sin complejos que pronto pueda haber otro piloto español en la Fórmula 1. Ahora nos lo creemos nosotros y, lo que casi es más importante, se lo creen fuera. Los que mandan en este cotarro de los grandes premios ya no nos ven como una subespecie con el único mérito de poder aportar el dinero de los patrocinadores a un equipo de tercera división. Un doble campeón del mundo es el mejor mazo para derribar el muro de los prejuicios, pero es que además ahora sí que tenemos toda una generación de jóvenes dispuestos a todo que no tiene lo más mínimo que envidiar a las promesas de países con la tradición de Italia, Francia, Gran Bretaña o Alemania.
De todos modos, tampoco nos engañemos, el desafío no es lo que se dice sencillo. Tenemos hasta cinco nombres en puertas de la élite, pero los puestos en la F-1 se venden tan caros que el talento no es el único aval necesario. Muchos, la mayoría incluso diría, son los que se quedan por el camino y en ocasiones todavía sigue pesando más la nacionalidad o los padrinos que la auténtica calidad. Sin embargo ahora, al menos, nos encontramos en igualdad de condiciones, nadie nos mira por encima del hombro y esos pilotos llevan ya años demostrando que hay que contar con ellos. No es que tengamos un nuevo Alonso en ciernes, eso es imposible, pero sí que podemos mirar al futuro con un optimismo e ilusión que hasta hace poco parecían una quimera.




