La primera verdad absoluta

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El partido de San Mamés, espeso pero a cara de perro, vino a acabar de confirmar la primera gran verdad absoluta de este nuevo Zaragoza, y que no es otra que su excelente solvencia defensiva, acaso el principal síntoma de madurez de un equipo de fútbol. El Zaragoza de estos años se achicaba por la defensa y el primer empeño de Víctor Fernández fue renovarla de derecha a izquierda, cambiarla casi por completo. La excepción, por supuesto, es Gabi Milito, que sigue ahí, dando carácter, determinación y un muy buen manejo del balón. Llegaron de golpe Diogo, Sergio, Piqué y Juanfran y la mejora ha sido extraordinaria, tanta que al Zaragoza, histórico buen atacante y mal defensor, le sostiene ahora su última línea cuando en el medio falta claridad o arriba remate. El equipo está todavía creciendo, pero las bases son sólidas, firmes. Al Zaragoza apenas le rematan y ahora mismo es hasta difícil cabecearle en el área.
El elogio no debe concentrarse en nadie en concreto, porque todos están haciendo mejores a sus compañeros de línea. Hay una organización defensiva que funciona y cada uno cumple su papel con nota. Por ejemplo, Piqué, cuyo fichaje no fue bien entendido por todos. Piqué es un joven de 19 años, al que le toca jugar cada cuatro o cinco partidos, pero al que se le adivina un techo altísimo. Todavía no es titular, pero es un suplente de lujo, un jugador con un futuro formidable y al que el club no renuncia a fichar en propiedad. Haría bien.



