Es posible medallas sin dopaje
Eragon es la gran apuesta del cine para estas Navidades y como suele ser habitual la versión en videojuego acompaña al lanzamiento cinematográfico. Se trata esta vez de un arcade de lucha ambientado en el mundo de magia y fantasía retratado en la película. A través de diversas fases, cada una con su jefe final, el usuario deberá derrotar a las fuerzas del mal. A medida que se progresa en la aventura se obtienen mejoras para el personaje.
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La primera incursión de la famosa heroína Lara Croft en la Nintendo DS se salva con nota, gracias en parte, al aprovechamiento de las capacidades táctiles y de la doble pantalla de la consola. Con su sistema clásico de exploración, plataformas y puzzles, el usuario se encuentra con una aventura entretenida que mantiene la filosofía de la saga. El apartado gráfico es correcto, con una combinación de dos y tres dimensiones. El sistema de disparo es bastante innovador.
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Del amplio repaso que hizo Lissavetzky en su discurso navideño me quedo con su afirmación de que las medallas son compatibles con una firme lucha contra el dopaje. Es un mensaje de esperanza para los jóvenes y también de aviso para aquellos que caen en la tentación. Para los primeros, porque las medallas se ganan en los centros de tecnificación y alto rendimiento, con las becas ADO, con entrenadores cualificados, con estudios biomecánicos y con una alimentación equilibrada; el deportista sólo tiene que aportar su propio sacrificio y dedicación en los entrenamientos. Para los segundos, los tramposos, es una seria advertencia de que tarde o temprano caerán, y ahora con mayor facilidad debido a la Ley Antidopaje.
Y seguro que caen, porque igualmente que las ramificaciones de la Operación Mamut condujeron doce meses después a la Operación Puerto, las investigaciones que se realizan sobre ésta desvelarán nuevas tramas. Ya no hablamos de una simple lucha de la administración deportiva contra el dopaje a base de aplicar sanciones, sino de jueces que autorizan escuchas y de policías que realizan registros. España, como Francia, Italia o Bélgica, debido a la voluntad política de acabar con el dopaje, ya es territorio hostil para quienes busquen los atajos prohibidos. A cambio, al deportista se le ponen cuantos medios precisa para competir al más alto nivel, sin trampa ni arriesgar su salud. Mal no nos va. Muchos llegan a campeones.




