La Vuelta está viva, muy viva
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El ciclismo se encuentra en pleno cisma, la Operación Puerto ha rebajado su credibilidad y, sin embargo, este deporte surge con fuerza cada vez que la competición toma el protagonismo. Ayer no es que comenzara la Vuelta, pero sí su cuenta atrás. Y cuando habla el ciclismo, todos callan. Es la prueba de que con él nadie puede. Ni las diferencias entre las tres grandes con la UCI, y ya veremos si el caso no acaba en los tribunales de la Unión Europea, ni el dopaje, al que ya se combate con una firmeza sin precedentes. Y para demostrarlo ahí estuvieron de la mano Lissavetzky y los organizadores de la Vuelta en su presentación. Mas no para hurgar en la herida abierta, sino para defender la independencia de la carrera y sus tres semanas.
Tres semanas que dan para una primera trepidante, en la que nos dejamos de tonterías y vamos para los Lagos directamente; después, tres días para titanes con una crono y dos finales en alto consecutivamente; al final, Abantos y otra crono para resolver las cuentas pendientes. Entre medias, 29 localidades que han querido convertir en un día de fiesta la salida o la llegada de la Vuelta. En 12 de ellas la carrera parará por primera vez. Bonita novedad y demostración de que la Vuelta está viva. Viva hasta el extremo de que no se pueden atender todas las solicitudes, que no son precisamente gratis, pues el precio de cada salida o llegada está en torno a los 100.000 euros. Ya quisieran para sí otros deportes esta buena salud del ciclismo.




