La Euroliga ha enloquecido
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Una encuesta ha revelado que sólo el 20% de los espectadores que acuden a los partidos de la NBA son grandes aficionados al baloncesto. Como las canchas se llenan, resulta que el 80% restante asiste atraído por otros alicientes. Ahí es donde entra el marketing, en el que los americanos son maestros. Pues a la Euroliga no se le ha ocurrido otra cosa que imitar el modelo. Ha convocado un masters para los profesionales del marketing, en el que se les enseñarán las más modernas técnicas de promoción y puedan aplicarlas en el baloncesto europeo para relanzarlo. O sea, en vez de hacer más atractivas las competiciones para atraer y fidelizar al aficionado, lo que se plantea es que la gente vaya a las canchas a pasar el rato y a tomar palomitas.
Pues mira que está fácil que el baloncesto recupere el interés de tiempos pasados. En cuanto se jueguen eliminatorias directas y se eliminen las tediosas liguillas de clasificación que, a su vez, dan paso a otra liguilla, las competiciones europeas irán para arriba. El baloncesto, por bonito y emocionante, se basta por sí mismo para garantizar el éxito. Ahora bien, si nos empeñamos en echarle agua al vino, pues ya hemos visto lo que pasa. Y quitarle el agua es tan sencillo y rápido como recuperar formatos pasados. De paso, se evitarían absurdos como los del Akasvayu, obligado a jugar ayer en Girona, hoy en Lituania y el miércoles en Francia para ver qué equipos del 49º al 79º de Europa entran en la segunda fase de la Copa FIBA.




