Yo digo Alejandro Delmás

Capello, la rebeldía al rescate

Alejandro Delmás
Importado de Hercules
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Cuando Ronie ya había conseguido el 2-1, un balón se le fue a Beckham sobre la banda derecha, en la zona más cercana al banquillo del Madrid. Saltó la bandera del asistente inglés Glenn Turner, y, tras la bandera, como un resorte, emergió Capello del banquillo: Fabio era una furia, el último centurión en la batalla por el honor del Madrid. Con gestos como ése se rescatan partidos. Llevada por la rabia del jefe, la extraña tropilla del Madrid, mezcla de brillantes veteranos y estupendas promesas, cercó el fondo más helado del pastizal de Kiev, la meta de Shovkovskiy. Y en menos de dos minutos después de la "sublevación" de Capello, el nuevo Ronaldo, desde su nueva y etérea levedad, firmó el empate... como el depredador de los buenos tiempos.

La garra de Capello, (grinta, en italiano) evitó una derrota del Real Madrid que quizá hubiera sido segura con otro jefe de banquillo más comodón. Capello hará jugar al equipo mejor o peor: pero le repugna la vecindad de la derrota. En un partido sin casi más motivación ni trascendencia que el regateo mañanero en el mercado de caviar, el alzamiento rebelde de Capello descongeló al Madrid. En el Pizjuán no habrá caviar, pero sí calor. El calor rebelde del Sevilla... y de Fabio Capello.

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