Que la UCI nos deje en paz
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Al aficionado eso del ProTour le suena a chino. Mejor dicho, le importa un pimiento. Si la UCI, el ProTour y las grandes vueltas andan peleándose, el aficionado pasa de ello. Si por pasar, pasa hasta del dopaje. Las audiencias del ciclismo en televisión se habrán resentido, pero en las carreteras, en los pueblos, la gente que se agolpa se cuenta por miles y miles. Gente entusiasta, que aplaude y jalea a rabiar a los ciclistas, unos héroes. Para esta gente la Vuelta es algo muy grande, capaz de convertir en muchas localidades un día cualquiera en un día de fiesta. La Vuelta es una prueba que pertenece al imaginario popular, una competición como pueda ser Roland Garros para los franceses o el Grand National para los ingleses.
Pues a esta gente que tan poco le importa el ciclismo de despacho le quitan una semana a la Vuelta y la arma. Seguirá pasando por muchos pueblos (las dos terceras partes), pero ya no será lo mismo. La Vuelta se vería como una competición menor, inferior en rango por supuesto al Tour y al Giro, que de momento la amenaza no va con ellos, y eso ya son palabras mayores. La Vuelta es algo muy nuestro, o al menos eso creíamos, y ahora resulta que un tal Rumpf, coordinador del comité ejecutivo del UCI ProTour (¡toma ya!), es quien amenaza con quitarnos una semana de carrera. Problemas de corredores no hay, tampoco de presupuesto, ni de espectadores, entonces ¿a cuento de qué viene esto? Que la UCI se busque otro campo para sus batallitas.




